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El cañón de las doce

El cañón de las doce

 

Desde el siglo XVI y hasta finales de los años treinta del siglo XX se mantuvo vigente en Las Palmas la costumbre de disparar un cañonazo a mediodía, cuando el sol alcanzaba su cenit.

El disparo se realizaba desde las almenas situadas al poniente del castillo del Rey, en el Risco de San Francisco.

El cañonazo servía como referencia para los pocos relojes públicos que habían en la ciudad y que jamás marchaban igual. Entre ellos el muy venerable de nuestra Catedral, que carecía de credibilidad, pues era extendida la creencia de que sus manecillas eran manipuladas por el viento, al carecer su esfera de cristal protector.

Almenas situadas en el Castillo del Rey, en el Risco de San Francisco

La señal convenida para provocar el estampido provenía de la Comandancia de Marina, y consistía en el izado de la bandera. Todos los días, poco antes del mediodía, un artillero apostado tras los muros de la fortaleza observaba a golpe de catalejo como la bandera ascendía lentamente hasta lo alto de un mástil. En ese momento se accionaba el mecanismo y el cañonazo retumbaba en toda la vecindad marcando el punto meridiano del día. Entonces todo el mundo exclamaba “son las doce”, mientras se apresuraban a ajustar los relojes de bolsillo y los de pared guiándose por aquel eco lejano.

Nadie se cuestionaba si eran las doce y diez o las doce menos cuarto. Eran otros tiempos, y en aquella pequeña y apartada urbe de entonces no se vivía con prisas ni se daba tanta importancia a la puntualidad. El sobresalto ocasionado por aquella gruesa pieza de artillería rompía la monotonía y paralizaba la ciudad. Se cerraban las tiendas y consultas, las fábricas detenían su actividad, y todo el mundo se iba a almorzar. A pie, en guagua o en tranvía. Quienes se lo podían permitir tomaban un aperitivo en Triana, mientras que en las cocinas de las casas se destapaban las cazuelas dejando escapar el olor de la comida hacia la calle.

En definitiva, la vida en Las Palmas se regía por el inofensivo pero ruidoso cañón de las doce. Una monstruosa pieza de artillería que enmudeció hace casi noventa años, cuando se decidió que su cometido era ya pólvora mojada. Desde entonces, nada ha vuelto a ser lo mismo.

 

Artículo: Carmelo Ramírez Pérez – (Octubre – 2018)

Autor del artículo: Eduardo Reguera – (Octubre – 2018)

 


Artículo difundido bajo la protección del Art. 19 de la Declaración de Derechos Humanos, que señala: «Toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestada a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión». Asamblea General de la ONU del 10.12.1948.

 

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1 comentario

  1. Eduardo Reguera

    Buenos días, soy Eduardo Reguera, autor del artículo “El cañón de las doce”, publicado en mi blog de Canarias7. Agradecería que me nombrara como autor del artículo, no como fuente, e incluir el enlace al artículo original. Saludos.

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